La escultura es, ante todo, un diálogo entre la memoria y la materia. Para el artista mexicano Alfredo Cota, este proceso comienza mucho antes de que las manos toquen las herramientas. Surge en ese espacio abstracto donde las ideas toman forma a través de una mirada particular.
Para Cota, la visión no es un acto puramente físico, sino un puente hacia la interpretación del entorno.
"La visión para mí es como una puerta que nos permite percibir o ver una realidad y nos da la oportunidad de poder darle sentido y un significado propio".
A partir de esa premisa, el artista desarrolla un cuerpo de obra centrado en las formas animales. No busca enfocarse tanto en una representación literal de la naturaleza, sino en tomar a esas figuras como vehículo para explorar la volumetría, el espacio y la tridimensionalidad.

A diferencia de los métodos tradicionales que dependen de representaciones exactas, su proceso creativo se guía por la libertad de la intuición. En su taller no se encuentran modelos vivos ni referencias fotográficas de los seres que recrea. El punto de partida son las imágenes guardadas en el pensamiento, recuerdos visuales que se transportan al presente para buscar claridad en el mensaje que se desea comunicar.
El viaje de cada pieza avanza de lo efímero a lo permanente. Primero el volumen se modela en plastilina, material que recibe los primeros trazos y la fuerza de la intuición. Posteriormente, esta figura se resguarda en un molde de silicón para dar paso a los vaciados en cera, un paso intermedio indispensable en la técnica de la cera perdida. Finalmente, la obra encuentra su estado definitivo al ser fundida en bronce, resina o mediante la experimentación con diversos materiales mixtos.
Dentro de la fauna que habita en su trayectoria existen piezas que marcan un vínculo más estrecho con su propia evolución como creador. Si bien la mayoría de sus elecciones zoológicas surgen de impulsos intuitivos cotidianos, la figura del gorila ocupa un lugar especial por el arraigo que tiene en su historia personal.
"Lo he idealizado desde pequeño y es uno de mis animales favoritos, entonces creo que captura más la parte escultural que conceptual".
Al prescindir de la rigidez de un modelo real, esta pieza se convierte en una de las expresiones más puras de su identidad como escultor. En ella, la anatomía se subordina a la imaginación, demostrando que el arte de Alfredo Cota es, en esencia, un intento por dar volumen a los recuerdos y un sentido propio a la realidad observada.
